SU VISITA.




Llegará pronto; le intuyo y por eso tengo todo preparado: he ventilado bien la casa por si queda algo de polvo antiguo. No quiero que usted piense que estoy arrastrando, desde ese día, las huellas del pasado. Necesito que sienta que he vivido, reído y amado intensamente, sin desaprovechar ni un segundo de este viaje desgastado. 



He limpiado bien los agujeros de mi memoria  y sanado todas las rozaduras que mis andanzas han causado, para que esté tranquilo y vea que no me queda nada pendiente, que solo me llevo la calma.

Deseo que la brisa fresca sorprenda su rostro al entrar. Recuerdo que le encantaba abrir la ventana, e inspirar el olor del mar que se filtraba por lo agujeros de una persiana a medio echar. Entonces la subía hasta arriba y, mientras sonreía al ver las cortinas danzar, se daba media vuelta jugueteando para despertarme.

He apilado todas sus lecciones por estricto orden, desde la primera hasta la última, para que sepa que nunca me olvidé de todo lo que me enseñó, y he sacado el abrazo más grande que tenía reservado para este momento.

Cojo mi espejo pequeño del cajón de la mesita. Me miro y me pregunto si usted me reconocerá en esta piel, que parece querer estrellarse contra el suelo, por el peso de todas las vivencias grabadas.

Tengo una sensación vertiginosa en mi estómago, que me impulsa a mover los dedos de forma frenética sobre el colchón en el que estoy tumbada. El corazón cansado me palpita poniendo todo su esfuerzo. Hago lo posible por tranquilizarle, pues aún me queda un momento.

Mi nieto entra detrás de usted en la habitación. Me pregunta si necesito algo y me desea buenas noches sin percatarse de nada. Le pido un beso y sello el mío en su cara tersa, aprisionando su olor para llevarme algo de él en la maleta.

—¿Dónde está madre? —le pregunto mirándole con avidez.

El chico piensa que se me ha ido la cabeza.


—Vamos con ella —contesta usted, mientras viene, como antaño, jugueteando a mi cama; esta vez para que duerma.

Llevo días observando su silueta escondida tras la puerta. Estoy preparada y sonrío mientras pienso, padre, que sigue teniendo la misma luz de ayer, cuando aún el tiempo no había hecho mella.





  


Comentarios

  1. Marta ha vuelto, con más fuerza que nunca si cabe. Si, definitivamente he resuelto que no es que las ganas que tenía de volver a leerla me hagan ver diferente esta historia, simplemente es que impacta cada día más con sus regalos. Gracias Marta.

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  2. Muchísimas gracias. Qué honor y vas viniendo de un poeta como tú. Me alegra muchísimo de que te haya gustado.

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