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Mostrando entradas de octubre, 2019

EL MONSTRUO DE LA CASA

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—A partir de las doce de la noche te convertirás en calabaza si estás despierta—decía papá mientras me tapaba—. Así que ya sabes, ¡a dormir pronto!
—Pero, papi, déjame jugar un poco más con Trébol, por fi…
—No puede ser, cariño. Mañana tienes que madrugar para ir al cole, acuérdate. Anda sé buena, que mamá tiene que descansar.
—¿Hoy se enfadará también?
—¿Mamá? Si ella nunca se enfada, cariño.
—Sí, a veces…
—Claro, cuando te portas mal.

Miré para otro lado para que no viera mi mueca de disgusto.


—Venga que te apago ya la luz. —¡No! ¿Me lees un cuento antes de ir a dormir?
—Otro día, amor. Hoy se ha hecho tarde. No insistas más.
—Papá no te vayas, tengo … miedo.
—¿Miedo? Otra vez empezamos con eso… —dijo con tono disgustado.
—Es que a veces viene y …
—¿Quién viene? ¿Un monstruo?
—Si… —contesté rogándole con la mirada.
—Ya te he explicado muchas veces que los monstruos no existen, Carla. Venga, ya está bien. Que estoy cansado. Buenas noches, cariño. ¡Vamos Trébol! —dijo mi padre mientras el Dogo and…

ESPACIO VACÍO

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Me despierta la luz blanca de la mañana. Con los ojos entrecerrados, contemplo las cortinas azules moviéndose al compás de una brisa fresca, y el polvo fino en suspensión sobre el halo de luz, que se cuela por los agujeros de una persiana a medio echar. Estiro el brazo para despertarte, y me encuentro con un espacio vacío y fresco. Con la mano siento la forma de tu silueta deshaciéndose en las sábanas arrugadas.

Me pongo la bata y salgo al porche para buscarte. Siempre te ha encantado desayunar temprano para ver amanecer bajo el chopo milenario que reina en nuestro jardín.

Abro la puerta y una luz resplandeciente me obliga a ponerme la mano sobre los ojos. Oteo todo el jardín, pero no te encuentro. Habrás salido a dar un paseo, o a ver a Rufián, ese caballo patoso que siempre te saluda cuando pasas por su lado y que, en un par de ocasiones, nos ha dado un susto porque casi te tira al suelo. Ayer te preparé unas cuantas zanahorias para él. Sé que te encanta ese jamelgo.

Me siento en el p…

TAL COMO SOY

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Mientras te espero, coloco los pies desnudos dentro de mi calzado viejo. Verás las suelas desgastadas y las esquinas roídas por los roces, pues mi camino ha sido arduo y las cuestas empinadas.  Pero cuando me encuentres me sentiré en casa y, al quitarlos aliviada, te mostraré que lo que hay dentro es una piel suave con huesos torcidos por el esfuerzo; pero sin calcetín que los camufle, sin medias tintas, sin dobleces. 

DESPEDIDA

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Para Andrés.

Hoy, en mi boca dormida, 
toma forma la tristeza que, 
como una herradura pesada, 
me obliga a caminar 
encorvada mirando al suelo. 

Miles de palabras perdidas
buscan a mi coherencia para encontrar una explicación.
Pero mi razón tampoco entiende.


Desde que te has ido
nos hemos vuelto viajeros en el tiempo y, dando rienda suelta a los recuerdos,
te tomamos de la mano con la intención de traerte.

Pero no podemos.

Quiero decirte: vente
que nos haces falta,  que tenemos momentos pendientes. Tiempo que recuperar,
tiempo ausente.
En un día más,
en una mesa cualquiera donde compartimos
sonrisas con ojos húmedos, todos aquellos momentos
nos caen en cascada
violando nuestras mentes.
Hay una pena honda llorando
tras la puerta de un baño,  unos amigos que te añoran, niños que abrazan a su madre
cuando la ven llorar y una mujer valiente que no duerme.







Y DE REPENTE TÚ

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Llegaste hasta ella sin previo aviso. Creo que, al menos, pudiste haber hecho alguna señal; pero eres tan silencioso y discreto, que no te vi hasta que te tuve en frente, reflejado en su rostro amable.
Te comportas como una de esas personas que dicen que nunca se enfadan, pero cuando lo hacen, arde Troya. Pues así eres, calmadito hasta que decides ponerte a gritar.
Pero tú no tienes alma.

Llamaste a su puerta y entraste sin ser invitado. Te acomodaste y diste la cara volviendo la nuestra del revés. Siempre que paseo por las memorias de mi vida te culpo de todo lo que vino después. Tú diste el pistoletazo de salida a un sinfín de acontecimientos, que nos han enseñado a andar por la cuerda floja y a saltar de trampolín en trampolín, con mucho cuidado para no caer.

Prometiste enseñarle lugares nuevos, y de tu mano recorrió los largos pasillos, quirófanos y habitaciones blancas de hospital; pero conoció a gente hermosa, que se sentaba junto a ella para enfrentarse a ti y vencerte.

Crecías ca…