viernes, 17 de mayo de 2019

EL ABUELO










Ella se desconcertó cuando vio el sobre encima de su escritorio. Más que nada porque desde el principio pensó que era misión imposible. Pero allí estaba… por fin, cuando estaba a punto de darlo todo por perdido. Le había costado muchos meses conseguir aquello, buscando en archivos, consultando ayuntamientos, escribiendo a posibles familiares, preguntando a vecinos de su pueblo…. Ya pensaba que, de existir algo de lo que buscaba, no iba a dar tiempo, que su abuelo se marcharía para siempre antes de poder darle aquella sorpresa.


Abrió aquel sobre despacio, como quien tiene un tesoro mágico y teme que desaparezca. Junto a la foto había una nota en la que explicaba quién era, de esa imagen, el hombre que estaba buscando. En ella se podía contemplar la figura de un chico junto con otras personas adultas que, supuso, se trataría de los tatarabuelos y más familiares. La foto en blanco y negro y medio borrosa, posiblemente sería la única imagen que se tenía de él. La devastación de la guerra había privado al abuelo de cualquier recuerdo, foto, objeto…, ninguna cosa que él pudiera atesorar de su padre.


Dejó lo que estaba haciendo en el despacho, cogió el bolso y fue a la residencia.

Le entregó el sobre.

Al principio se quedó sorprendido, no sabía de qué… Pero... Su rostro fue cambiando y una emoción afloró intensa; Y fue entonces cuando empezó a contar aquella historia que tantas veces ella había escuchado:
 

—Yo tenía los ojos más tristes que un niño podía tener—dijo el abuelo observándose en la foto—. Menudas pestañas. No las recordaba así.

— Igual que ahora, abuelo—dijo ella con cariño, mientras acariciaba su mejilla con ternura.

El hombre la miró con admiración y afecto.

Continuó con su historia:

—Me asomaba detrás de una rendija que dejaba al aire una pequeña apertura por donde podía mirar. Al otro lado, individuos que jugaban a ser soldaditos de plomo pasaban por delante de mí sin verme, y el miedo me hacía estar muy callado, tal y como mi padre me pedía. Recuerdo cómo apretaba mi mano muy fuerte, para hacerme sentir seguro. Apenas si cabíamos en aquel cuartucho que tenían mis padres como despensa. Mi padre…, cuánto le quería.

— Lo sé abuelo.

— Él decía que no pasaba nada, que eran sólo personas enfadadas, pero que no hacían daño; que las listas de nombres no eran ciertas. Los miré detenidamente. Sus gritos me aterraban y aquellas armas enlutadas dispuestas a disparar no parecían de juguete. La puerta se abrió y unas grandes manos cogieron a mi padre y… Y ya nunca más le volví a ver. Sentí un golpe fuerte en la sien—el abuelo se tocó la cicatriz de su cabeza—. En realidad, aquel que me dio el golpe se apiadó de mí. Es contradictorio, ¿verdad? —se lo preguntaba a sí mismo mirándola a ella— El asesino de mi padre, fue el que me salvó.Y cuando ocurre eso, uno se pasa la vida sin saber que sentir hacía ese desconocido: odio por haberme privado de mi padre, pena por que seguramente se vió obligado a hacerlo, o agradecimiento por encubrir mi presencia y haberme permitido tener una vida, haber conocido a mi querida Amalia, a mi hijo Alfredo y lo mejor de todo, tenerte aquí conmigo ahora.

— Fueron tiempos duros para todos.

— Me avivó el rescoldo de un olor a pólvora y el rostro de mi madre con expresión urgente apareció tras aquella puerta. Desde entonces solo pude recordar de mi padre aquella mano apretándome fuerte, solo eso. Se lo llevaron todo, hasta la posibilidad de recordarle de otra manera.

— Ahora ya puedes hacerlo, abuelo—señaló una imagen de la foto—. Éste era él, ahí tienes su imagen, riendo, feliz, con todos vosotros—dijo ella.

Se abrazaron muy fuerte y se quedaron así, dejando pasar el tiempo, compartiendo amor, nostalgia y consuelo.

— Gracias hija mía—le susurró al oído—. Gracias.

12 comentarios:

  1. Que profundo...
    Ojalá todos fueran así con sus abuelos. Me gusto mucho tu historia y obvio me encanto tu forma de escribir. Eres muy buena.

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  2. Walala_Girl. Me alegro que te gustara y mucha gracias por ocupar un poquito de tu tiempo en leerlo. Un abrazo.

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  3. Esta hermosísimo ������ lo amé.

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    1. Qué bien que te haya gustado. Muchas gracias. Un abrazo

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  4. marcelino maria pedrero18 de mayo de 2019, 12:50

    Me gustó tu relato; estas historias de epocas pasdas es bueno tenerlas escritas, para que jamás se pierda la memoria.
    Yo también tengo una historia escrita en un libro de relatos, sobre mi abuelo y como la guerra acabó con el.
    A seguir escribiendo y que nunca dejemos de amar los libros.

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    1. Muchísimas gracias. Me encantaría poder leer también tu relato. Un abrazo y ¡eso, a seguir escribiendo y amando libros! Un abrazo

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    2. marcelino maria pedrero19 de mayo de 2019, 1:16

      te lo mando por correo

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  5. marcelino maria pedrero18 de mayo de 2019, 12:54

    Me gustó tu relato; estas historias de epocas pasdas es bueno tenerlas escritas, para que jamás se pierda la memoria.
    Yo también tengo una historia escrita en un libro de relatos, sobre mi abuelo y como la guerra acabó con el.
    A seguir escribiendo y que nunca dejemos de amar los libros.

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  6. Me llegó , demasiado profundo y mucho sentimiento sincero��

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    1. Lo mejor que me podéis decir es que os llegan mis escritos. Me da mucha alegría saberlo. Muchas gracias Yulieth y un abrazo afectuoso.

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