Entradas

Mostrando entradas de abril, 2019

LAS CADENAS DE SARA

Imagen
Esta vez me apetecía cambiar el tono del relato. ¿Os apetece un poquito de acción? Pues vamos a ello. Espero que os guste, y en cualquier caso, podéis dejarme comentarios más abajo. Sara ya lo sabía. Pensaba en ello sentada en un taburete al lado de la bañera, mientras masajeaba el pelo rubio de Carol. Miraba aquellos ojos cerrados con sus largas pestañas, y con un dedo iba repasando el paisaje de su cara: aquellos dos hoyuelos, que la volvían loca, su nariz perfecta y sus labios curvados en media sonrisa. Su cuerpo estaba cubierto de espuma. «No puedo consentirlo», rumiaba removiendo el agua que envolvía a Carol. —Tengo que salir, amor —dijo Sara mientras se secaba la mano con la toalla. No recibió respuesta; tampoco la esperaba. Se puso ropa de deporte, cerró la puerta de un golpe y sintió cómo una brisa fuerte la traspasaba el rostro. Inspiró profundamente para intentar apaciguar su ansiedad. Su corazón palpitaba con fuerza, las manos sudaban y el nudo en la boca del

MERECE LA PENA, SIEMPRE.

Imagen
Por notar la arena caliente jugueteando entre los dedos de mis pies al pasear por la orilla de una playa olvidada; por poder escuchar el rumor de las olas al acercarse suaves, por poder dejar de temer al sol y disfrutarlo siempre y poder sentir la brisa refrescando mis pecas. ¿Podéis notarla meciendo vuestro cabello? Por poder observar una escena familiar feliz. Ser la espectadora de conversaciones políticas, de series y de libros…, ser partícipe de risas y de planes. Tener el lujo de pensar que todo está bien mientras os contemplo uno a uno, sin tener que imaginarlo, siempre. ¿Percibís la tranquilidad? Por esos paseos junto al rio con mi perra, viéndola feliz y disfrutando sin correa que la retenga y pensarla junto a mí, siempre. Exhalar juntas aromas florales, notar la fuerza boscosa con la mente limpia de inquietud y no tener más preocupación que pararnos a admirar el agua atravesando la tierra. Si cerráis lo ojos, ¿podréis escuchar su caudal? Por observar a mi compañero dormir t

EL AGUADOR DEL TRANVÍA

Imagen
Esta es una historia, como otras tantas, de un buen hombre. Podría decir que es la leyenda del padre más bueno del mundo, pero seguro que muchas hijas dicen esto de sus padres. Lo cierto es que todo lo que quiero contar ocurrió al principio, mucho antes de ser hija, incluso antes de ser él mismo. Nació el ocho de julio de mil novecientos cuarenta y dos en Yecla. Allí permaneció hasta que, a los tres meses, la familia se trasladó a un Madrid abatido por la posguerra. Se llamaba Pedro, o Pedrito, como le decían cariñosamente. Era el menor de tres hermanos y el único varón de la familia. Mi abuelo Pascual se quedó sin trabajo a causa de la mutilación de su pierna derecha. «Herida de guerra», decía el hombre con orgullo. Comenzaron viviendo hacinados en una pequeña habitación de un piso situado en la calle Jorge Juan, junto a la plaza de toros. Pascual se marchaba todas las mañanas bien temprano a jugar su partida de dominó. Iba siempre al mismo sitio: la bodega de Don Mauricio, que esta