miércoles, 6 de marzo de 2019

Historias de una muleta

Paseo por la calle con mi perra a un lado, y la muleta al otro.

Veo dos mujeres que deben pasar de los sesenta años, con su ropa deportiva, andando tan rápido que parece que sus pies quieren ya trotar, mientras hablan joviales. Sus pulmones aún quieren dar más.

Mi perra me mira, consciente de que no puede ir muy deprisa. Pero un amigo con el que jugar aparece. Ella tira  para ir a su encuentro y se enreda a mi alrededor con el flexi. A la pobre le asusta la muleta, se pone nerviosa y se empieza a liar cada vez más. Va tejiendo una especie de ochos entre mi soporte y yo.

Con la torpe intención  de controlarla, empiezo a dar vueltas sobre mí misma, poniendo toda mi atención en mantener el equilibrio para no caerme. La muleta se estampa contra el suelo. La perra aún se asusta más, del golpe. Y yo giro y giro con la punta de los pies, como quien intenta hacer un pirouette. Si lo hago a posta, no me sale mejor. Malabares de alto riesgo para mis rodillas.

Las mujeres se paran, recogen la muleta, me sonríen y siguen su ritmo.

Las miro. No sé si reír o llorar.

Ellas siguen con su incipiente trote, y yo con mi perra a un lado, que me mira resignada, y mi muleta al otro. Son compañeras mías, las dos, desde hace muchos años ya. Así soy yo. A veces es divertido. A veces no.


4 comentarios:

  1. Bonito relato Marta, aunque me hubiera gustado más verte danzar sobre tí misma. Un beso amiga.

    ResponderEliminar
  2. Divertida experiencia, con el toque de humor que sólo tú sabes darle a las piedras del camino.

    ResponderEliminar

Elige tu idioma

ADELANTE, PODEIS PASAR...

Bienvenidos a este maravilloso espacio, donde quiero compartir mi pasión por la literatura. Expondré cachitos de mí, hablaré de libros que me han gustado y muchas cosas más. Con mucho cariño, para todos vosotros.

COMENTA CON FACEBOOK

SUSTO O MUERTE