miércoles, 27 de marzo de 2019

DESTINOS CRUZADOS



Podéis pasar. Adelante. Si miráis dentro de la sala, veréis los pupitres, y al fondo grandes ventanales que dan al patio. Es una clase amplia, bañada de luz y siesta. En este momento hay gente dentro, esperando comenzar el curso. Chicas que tienen entre dieciocho y veinticinco años, sofocadas por el calor de la tarde y hablando entre sí.
Ahora sentaos y miradnos. Es el primer día. Llego de la mano de una desconocida a la que he preguntado por la clase de tercero A de Administrativo. Soy nueva y me he perdido. Entro con ella. Mientras, me explica que una de sus mejores amigas empieza el mismo curso que yo y se ofrece a presentármela. Mis futuras compañeras de la clase nos miran curiosas. Algunas han hecho el primer ciclo allí, pero muchas venimos de otros centros.
— Mira, esta es la clase. Te presento a Teresa. Es la amiga que te venía comentando —me dice la desconocida.
— ¿Qué tal? Soy Marta —me presento, mientras tomo asiento a su lado.

A partir de este momento, nos hacemos inseparables. Somos dos jóvenes estudiosas, divertidas y juerguistas; vamos, lo que pide la edad. Hemos hecho buenas migas con unas cuantas más: Espe, que vive en la residencia del instituto, pero es de un pueblo de Toledo; Mónica y Ana, que se sientan delante de nosotros. No paran de hablar entre ellas y se dan la vuelta para poder cuchichear en grupo. Todas, excepto Espe y yo, viven en la zona norte de Madrid, concretamente en el Barrio del Pilar y han ido hasta el centro de la ciudad a estudiar, para encontrarse con nosotras; y Espe, desde su pueblo, y yo, desde Getafe para estar con ellas, aunque ninguna lo sabemos todavía.

Lo más curioso es que todas las casualidades las vamos descubriendo a través de varias conversaciones que transcurren en el mismo día. Son cosas que vienen del pasado, o que han recorrido kilómetros de distancia hasta dar conmigo. Llamadlo como queráis: sino, karma, hilo rojo… No sé qué nombre ponerle. Simplemente es el destino, al que le gusta jugar bastante con la gente.

Ahora que ya estáis sentados, nos habéis conocido y sabéis dónde vivimos, escuchad que os cuente:

— Ayer, mientras estudiaba, estaba con mi hermana, y te mencioné —me explicó Tere — Me comentó que le sonaba mucho el apellido Azorín.


— Puede ser por el escritor. Hay personas que me preguntan si soy familiar porque no deben de saber que fue un apodo que él tenía— contesté mientras abría el libro de economía.

— No, qué va. El caso es que se quedó dándole vueltas y vino al rato emocionada. Cuando me contó de qué conocía tu apellido, me quedé de piedra: Ella había estudiado jardín de infancia hace muchos años y su mejor amiga se llamaba Beatriz Azorín, y tenía una hermana, muy pequeña, que se llama Martita…

— ¡Qué era yo! –exclamé con los ojos muy abiertos, sin dejar que terminara la frase.

— ¡Exacto!

— ¿Pero cómo es posible? —dije emocionada —Me estás contando que nuestras hermanas hace unos quince años estudiaron juntas, se hicieron las mejores amigas, y tenían dos hermanas pequeñas, es decir tú y yo, que viviendo unas en el norte de Madrid y otras en Getafe, hemos venido a parar a otro instituto, distinto al de ellas, para hacernos muy amigas.

— Si. Eso es exactamente lo que te estoy contando. Por no mencionar la casualidad de que te encontraras con Mar, la chica que nos presentó. ¡Anda que no había gente para preguntar en el instituto! Si hubieras parado a otra, habrías dado con la clase, pero seguramente te hubieses sentado en otro sitio. Nunca habríamos tenido esta conversación y nunca sabríamos el grado de amistad que tuvieron nuestras hermanas. Quizá seríamos meras compañeras de clase que no comparten mucho —dijo Tere pensativa.

— Después de quince años… Con la de gente que hay en todo Madrid —seguía yo dándole vueltas a lo de nuestras hermanas —, me parece increíble. ¡Qué casualidad!

¿Tendrá algún significado? ¿Será que estamos predestinadas y seremos inseparables?

— Sí, sí. Lo que tú digas—contestó mientras me cubría los hombros con su brazo. Teresa poseía un tono burlón innato en ella y siempre estaba con bromas obscenas, con las que, por cierto, nos reíamos mucho.
 

— ¿Qué hacéis? — preguntó Mónica, cortando nuestro estado embelesado.

Ella era la de los motes y rimas. Había veces que se volvía en el pupitre de forma repentina, y decía rápidamente cosas como: Teresa Requejo patitas de conejo, y volvía en un segundo a su posición inicial; Terelu, cha, cha, cha o Marta, Marta, no hay quien te parta. Para cada profesor tenía un apodo. La Sindi, el Urkel… Su imaginación desbordante no dejaba títere con cabeza.

Le contamos el descubrimiento. Ella también se sorprendió. Pero bueno, al fin y al cabo la vida tiene estas casualidades. Lo que pasa es que no acabó ahí: 


— Mañana tengo que ir al hospital —explicó Moni. Le preguntamos si estaba enferma.
— No, nada importante. Tengo que ir a la Cruz Roja para hacerme una resonancia. Mi cuñado trabaja allí.
— ¿Cruz Roja? —pregunté mientras el pelo se me erizaba —. Mi hermana también, en el pabellón catorce.

— ¿Sí? Mi cuñado en rayos.
— No se llamará Ignacio —dije en tono guasón.
— Pue sí…. — contestó Mónica empezando a entender que alguna noticia se avecinaba.
— ¡Ignacio el de rayos! —exclamé fascinada.
— Sí. Así le llaman, sí…
— ¡Es íntimo amigo de mi hermana! Y de la familia entera. Ha estado en mi casa unas cuantas veces, y siempre nos atiende él cuando tenemos alguna prueba.
— ¡Qué me estas contando! —exclamó Mónica con cara divertida.

Empezamos a reírnos todas. ¡Cuántas casualidades!

— Buenos chicas, por fin es viernes. Descansad —se despidió Tere unas horas más tarde —. Espe, este finde, ¿te quedas en la residencia o te vas a tu pueblo?
— Pues me iba a quedar, pero al final me voy a Corral, que quiero ver a Tete, tengo que hablar con él. No sé yo este chico a que aspira, la verdad—contestó.

Espe fue todo un descubrimiento. Entró como una chica de pueblo, de las que poco saben de la vida, o eso parecía. No lo hacía adrede. Es que por esas tierras, no se solía hablar abiertamente de muchos temas y cuando llegó aquí tuvo que empezar desde cero, aprender que hay conversaciones que no tienen por qué ser tabús y creo que al final sabía mucho más que alguna de nosotras. En cualquier caso, era adorable.

— ¿Cómo nos dijiste que se llama tu pueblo? —preguntó Mónica.
— Corral de Almaguer. Qué pasa chicas…, a ver si os quedáis ya con el nombre.
— Y tú Marta, ¿Qué planes tienes? —me preguntó Espe.
— ¿Yo? —Dije riendo —Si todo va bien y no tengo movidas con mis padres me voy al pueblo de mi chico.
— ¿Y cuál es? —preguntó Tere.
— ¿Os queréis reír? —dije misteriosa, mientras mis amigas dibujaban un interrogante con los hombros.
— Pues os lo digo: Es Corral de Almaguer.


Ahora que habéis llegado hasta aquí, que sabéis muchas más cosas de nosotras y os he contado la cantidad de coincidencias que nos unían mucho antes de saber que existíamos, podéis dirigiros hacia la puerta de la clase y bajar por las amplias escaleras. Al llegar al patio cerrad los ojos. Veréis, como si de una cámara rápida se tratase, un lapso de tres cortísimos años, llenos de vida, de tardes de estudio juntas, de pellas, risas, novios no muy recomendables que venían a buscarnos, cafés espumosos en los recreos, confidencias, paseos al sol, lágrimas de despedida... Hacedlo con cuidado, por favor, para no enturbiar nada, y que el aroma de aquella maravillosa amistad pueda seguir embriagándonos cuando imaginemos este viaje hacia el viejo instituto.


Cuando el destino se cansó de ese juego, inventó más historias. Añadió hijos, parejas, perros, y vidas totalmente distintas. A Ana la metió en una espiral aparte y no sabemos dónde fue a aterrizar. Decidió que Beatriz apareciera en la vida de Mónica haciéndose grandes amigas, y por consiguiente en las nuestras. Y nos impuso algunas de sus normas: vernos, mínimo, un par de veces año, que no siempre lo conseguimos, volar si hace falta junto a la que necesite compañía, y desde hace unos años hacer un grupo de WhatsApp, llamado Las Supremas de RiosRosas, donde ahora se están riendo, recordando y añorando, al decirles lo que estoy escribiendo.








3 comentarios:

  1. Así fue amiga mía y así será. El señor "Destino" nos tiene atadas con su fuerte hilo rojo y espero que nunca se deshaga. Os quiero amigas mías, aún en la distancia y pasado el tiempo, ya unos cuantos años, os seguiré queriendo siempre.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Tere. Pasado el tiempo y sin apenas vernos ahí seguimos. Y eso vale mucho. Fueron años intensos que nos unieron para siempre. Os quiero mucho mis Supremas de Rios Rosas.

    ResponderEliminar
  3. Ainsss "me se escapa" una lagrimilla. Supremas Forever and ever!!!!!!!

    ResponderEliminar

Elige tu idioma

ADELANTE, PODEIS PASAR...

Bienvenidos a este maravilloso espacio, donde quiero compartir mi pasión por la literatura. Expondré cachitos de mí, hablaré de libros que me han gustado y muchas cosas más. Con mucho cariño, para todos vosotros.

COMENTA CON FACEBOOK

SUSTO O MUERTE