jueves, 14 de marzo de 2019

AUSENCIAS


Ahora tendrías setenta y nueve años .Me da cierto vértigo pensar en ello, porque en mi mente te quedaste como una imagen pausada en la televisión: tus ojos no cambian, el mismo número de canas que se vislumbran bajo el tinte rubio, la misma comisura en tu sonrisa,  tu sentido del humor, tu genio invariable, tu dulzura  intacta, tal cual, ni más ni menos. Así estás guardada, año tras año, en esta caja rota que tengo por cabeza. Y sí, me da cierto vértigo no ser capaz de imaginarte de otra manera. 

Me  pregunto a menudo cómo habrías sido. ¿Qué sentirían mis dedos surcando tus nuevas arrugas? ¿Cómo habría cambiado el tono de tu voz? ¿Serías aún más pequeña y achuchable? A veces te imagino a mi lado charlando, más viejita y delgada. Otras  llamándome por teléfono, preguntando por David, al que por cierto, estabas aún lejos de conocer.

En ocasiones  recreo nuevas vivencias… No son cosas especiales, sino más bien algo cotidiano; pequeños gestos diarios que no pudimos tener. Porque si retrocedo en el tiempo, a mi mente llega ese beso antes de ir a dormir y el primero de la mañana, ese domingo oliendo a cocido, esas noches bajo la manta pidiéndote que me dejaras ver la tele un poco más, llegar del colegio al medio día hambrienta y verte en la cocina, con la tele encendida, esperándome,  o como cuando te veía preparar la muda a papá para el día siguiente. Vuelvo a tu risa espontánea, a tus regañinas en mi adolescencia, a tus consejos de madre sabia, a tus sorpresas por navidad, a tu titánica ilusión de niña que siempre mantuviste, a lo divertidísima que podías llegar a ser,  a tu amor  inmenso de abuela;  a millones de cosas… No todo fue perfecto, está claro. Pero fuiste una gran madre, con tus defectos y tus virtudes. Y lo sé porque a día de hoy aún me llega tu amor, aquel que me diste. Todo lo demás no importa. Porque respirabas  por y para los cuatro, aunque en ese momento no supiéramos verlo. Pese a los escollos que te pudo poner la vida, tu amor siempre fue doblemente infinito. 

Hace diecisiete años  que te fuiste y a veces me parece que todo fue un sueño. Muchas veces  siento rabia, y me veo como una víctima. Como si la  vida se estuviera muriendo a carcajadas al mirarme. Pero no de las divertidas, de las que te duele el estómago; si no como si fuera un payaso con los ojos pequeños y la boca muy grande para poder tragarme. Sí, de esas carcajadas que dan miedo.

Apenas te disfruté en mi etapa adulta. Me  haces mucha falta aún  en mi madurez. Los  recuerdos que me hacen sonreír causan añoranza.

Siempre recordaré tu último cumpleaños. El destino te quiso hacer el regalo más especial que nunca habrías recibido, ya que, tal y como pronosticaste, vino al mundo nuestro Gonzalo, tu chato como le llamabas. Tu  nieto. Desde luego, se puede decir que te fuiste a lo grande. Y es que la vida, en su agridulce vaivén,  nos sorprende a veces regalándonos cosas hermosas en medio de sus despiadadas tormentas.

13 comentarios:

  1. Que bonito!!
    Aunque tengo que decir que me entristece...
    Como madre me paro a pensar en que van a sentir ellos cuando me vaya...
    Me recorre un escalofrío inmenso leerte. Ley de vida al que nadie nos prepara!!!
    Gracias. Sigue escribiendo xd!!

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    1. No tienes que pensar en lo que sentirán sino en disfrutar cada momento con ellos y así crear sus memorias. Que son las tuyas. Tendrán recuerdos preciosos siempre. Y sé de sobra que como madre estás creando sus recuerdos estupendamente
      Gracias Yohana por comentar
      ❤️❤️❤️❤️😊

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  2. Muchos sentimientos Marta

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    1. Gracias Marisol. Seguro que los entiendes a la perfección. Un besito cariño

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  3. Ufff madre mia Marta, te leo y me llegan tantos recuerdos a mí también...se me ponen los pelos de punta pensando en todo lo que hubiera disfrutado con ellos y ellos conmigo y con mis niños. Simplemente precioso. Moni

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    1. Gracias Moni. Los que hemos pasado por eso sabemos lo que es. Pero siempre hemos de quedarnos con la idea de que tenemos una gran suerte. De poder tener recuerdos bonitos de ellos. Algunos, de manera incomprensible no los tienes. Si no todo lo contrario. Estoy preparando algo para el dia del padre. Algo que me ha costado escribir porque quería transmitirte cosas y al final es cómodo aobre desnudaraw. Pero lo haré. Lo veréis el día del padre

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  4. Precioso relato, emotivo y conmovedor. Me gusta mucho leerte, sigue haciéndolo

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  5. Yo, perdí a mi madre hace hoy 2 meses. Tengo 40 años y, la sensación que tengo ahora sin ella es la de absoluta soledad. Como si de repente mi vida fuera sólo mía y a nadie más le importara nada relacionado conmigo. No sé si las que habéis perdido a vuestras madres habéis sentido éstos mismo que estoy sintiendo yo.Me quedé sin motivos y desorientada en esta vida.

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  6. Muy buenas. Entiendo perfectamente lo que dices. Es el sentimiento de orfandad se tenga la edad que se tenga. Y es que aunque se llama “ley de vida” nuestros padres son pilares fundamentales sobre los que nos sostenemos. Es como una casa sin techo ni suelo. Pero pasará. Créeme. El primer año es durísimo. Y siempre tendrás una espina clavada. Pero eso que sientes a día de hoy, se mitigará. Y menos mal, si no sería muy difícil todo. Más de lo que ya lo es.

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